Trance

 

 

Etimológicamente la palabra «trance» viene del verbo latín transire. La raíz trans significa «al otro lado», mientras que el sufijo ire se traduce por la acción de «desplazarse, ir». La danza trance apareció en muchos sitios del planeta hace más de treinta y cinco mil años, y aunque algunas de estas danzas pervivan en ciertas latitudes, en la cultura occidental dejaron de estar presentes hace seiscientos años. Así pues, aunque el hecho de «irse al otro lado» y «soltar el control» no tenga realmente muy buena prensa, mucho tiene que ver con lo que sucede en una sesión de Ecstatic Dance.

En muchas tradiciones místicas, sin embargo, el trance está bien visto e incluso se provoca adrede para llegar a estados modificados de conciencia. En las danzas trance, la meta común del facilitador y el participante es que los danzantes alcancen un estado modificado de conciencia. Se trata de un trance cinético sin posesión que tiene relación con el movimiento, en este caso, con la danza. Como ejemplos de ello, encontramos tradiciones como la danza del fuego de los navajos, la danza de máscaras en Bali, la de la deidad Shiva en la India, el arte marcial del tai chi o las danzas sufíes de los derviches, por nombrar algunas entre las más conocidas.

En todas ellas, después del baile, uno se acuerda de lo que ha vivido, en oposición a otro tipo de danzas con una posible amnesia posterior. En este caso hablamos de los trances cinéticos con posesión, de los ritos afrocaribeños como el Vudú, en Haití, o la Santería, en Cuba, además de ritos afrobrasileños como la Umbanda, el Candomblé, el Cantimbó o el Batuqué, entre otros.

La función de la danza trance es la de posibilitar la toma de contacto con las emociones, liberándolas de tensiones y promo- viendo una salud física, espiritual y mental. Además, en tanto que ritual comunitario, sus practicantes encuentran una forma de ponerse en contacto con fuerzas sobrenaturales para que intercedan en beneficio del grupo. A través de la danza y la música, los miembros de la comunidad invocan su protección antes de salir a cazar o ir al campo de batalla, pero también cuando nace un nuevo ser, hace falta lluvia o una buena cosecha. De alguna forma, la danza permite a sus miembros dar salida a sus frustraciones y a sus temores.

Todas las etnias, aunque estén muy alejadas entre sí, coinciden en la percusión para llevar el ritmo de sus danzas. La percusión, más o menos elaborada, tiene una analogía directa con el latido del corazón. Por eso, estas comunidades aplican de forma intuitiva lo que los científicos han demostrado más recientemente: los ritmos de ciento veinte o más latidos por minuto afectan al cerebro, facilitando los estados modificados de conciencia. A través del ritmo sostenido vivimos una liberación emocional in- tensa que nos permite dejar de lado la mente, lo intelectual.

De alguna manera, la danza trance capacita para revivir y com- prender los acontecimientos traumáticos y, de esta manera, poder liberar los recuerdos dolorosos para que ya no interfieran en nuestras vidas. A través de la expresión corporal, con gestos, gritos, bailes o contorsiones, la danza trance tiene la capacidad de reestructurar nuestra personalidad, ya que actúa sobre diferentes planos de la conciencia en un estado que no es el habitual. Esto permite que el individuo potencie su memoria, clarifique los problemas y modifique sus actitudes, además de favorecer la creatividad, la intuición, el desarrollo de la inteligencia y la sensibilidad. La danza trance es un medio para restablecer el equilibrio biológico, psicológico y social.

En Occidente, la pérdida de muchos rituales que practicaban nuestros ancestros se explica por la persecución de la Santa Inquisición. En la Edad Media, a los que celebraban este tipo de danzas se les tachaba de poseídos por el demonio. Por eso, aquél que osara practicarlas se exponía a la represión, hasta el punto de poder morir quemado vivo en una hoguera.

Paradójicamente, en épocas más recientes ha sido nuestro des- precio a la tradición el que ha apoyado, aunque sea de forma pasiva, la erradicación de ciertos ritos de iniciación. Esta falta de rituales no ayuda a los más jóvenes a ubicarse ni a encontrar un sentido a la vida. Como consecuencia, el vacío ritualístico ha llevado a muchos a buscar referentes en tradiciones lejanas. Por esta razón, con tal de acometer un desarrollo espiritual, muchos jóvenes han encontrado cobijo en caminos como el yoga o el chamanismo, que se han extendido y consolidado en nuestra cultura.

Afortunadamente, estas tradiciones nos han recordado la necesidad de conectar con nuestro Dios interno a través de ritos como la danza trance, un baile que, al liberar los pensamientos, permite que el cuerpo humano sane sin la necesidad de recibir instrucciones de otros. En el libro Danza Trance, Frank Natale (1997), más conocido como «Profesor Trance», la define como una invitación del espíritu a volver a casa, porque toda curación debe comenzar por un reencuentro con el espíritu y la eliminación de la distancia que se ha producido entre lo humano y el ser.

 

Dj Albert Pala. «Ecstatic dance, bailando hacia la libertad».                                                                                                                Liebre de Marzo 2020. Barcelona.